Pequeños tesoros

Segundo día de la semana y para muchos jornada de desconexión, así que a disfrutarlo!!. El post de hoy lleva rondándome por la cabeza desde el pasado domingo cuando mi amiga Helena lanzó una llamada vía red reclutando ayuda para poner a punto su nuevo “laboratorio” Handmade Lab. Un espacio que deseo que le vaya estupendamente, en el que se podrá coser, crear cosas y relajarse con el yoga. El llegar a este punto de encuentro en construcción todavía y ver la respuesta de la gente pintando, limpiando, montando muebles me hizo pensar en los pequeños tesoros que conforman las historias de las personas, esos apoyos; amigos y familia que están ahí porque quieren cuando les necesitas y se alegran y te impulsan a ser feliz con lo que te motiva. Esta idea me hizo sentir bien, así que os invito a compartirla y dedicar un momentito del día a pensar, charlar o reir con aquellos que os hagan sacarle provecho a la vida.

Al hilo de este pensamiento, rebuscando en mis libretas encontré una cosa que escribí hace tiempo en mi etapa compartiendo piso en Valencia. Unas palabras que llevan parte de Pilar, María e Inés y los montones de momentos estupendos que pasamos. Besos!

“El buen amigo te regala una sonrisa cuando parece que todo se desmorona, te ofrece ese gesto para aliviar tu dolor aunque su alma se desgarre en llanto. El buen amigo te da su mano en los momentos difíciles, diciéndote en un susurro que aprietes tan fuerte como lo necesites porque comparte contigo ese dolor. El buen amigo se hace fuerte cuando te ve débil para poder andar si tu flaqueas, para pedir ayuda si tu voz se quiebra, para ser tus ojos cuando la oscuridad gana terreno a la vida. La amistad debería así llevar el nombre que quisieran aquellos que le dan vida, un nombre propio que se acople a la forma de quienes orgullosos la moldean”.

PD: “Una de las alegrías de la amistad es saber en quien confiar”. Alessandro Manzoni

Sopa de letras

Con unos días libres a la vuelta de la esquina, al menos para algunos, dedico este post a la lectura, una de esas ideas que entretienen, enseñan y que pueden compartirse a modo de recomendación por el simple hecho de que otros disfruten con algo que a nosotros nos gustó. Os dejo algunos libros de los que guardo buen recuerdo.

“El cartero de Neruda” de Antonio Skármeta. Una lectura preciosa, breve, de una calidez literaria que te engancha sin más a la historia de amor que vive el cartero de Isla Negra. Y sin dejar marcharse al escritor, “Confieso que he vivido” de Pablo Neruda, unas memorias inspiradoras y cargadas de momentos preciosos. Para seguir en esta particular sopa de letras, os planteo un libro para darle un poquito al coco, éste corre a cuenta de José Saramago, “Ensayo sobre la ceguera”, transmite bastante desasosiego pero invita a reflexionar sobre la sociedad y el rumbo que lleva en los últimos tiempos. A esta lista sumo a Haruki Murakami y su “Tokio Blues”, autor que para mi fue la puerta de entrada a los atractivos de otros escritores japoneses muy interesantes. Un libro en el que se valoran los silencios, el encanto de las palabras y la rotundidad de la vida o la muerte.

La propuesta la completo con “Le petit prince” de Antoine de Saint Exupéry. Un pequeño reto en francés para las vacaciones. Vi el libro y no me pude resistir, será parte de la exposición que tras las vacaciones me tocará hacer en clase de idiomas. ¡Ya veremos!.

Para terminar os dejo una opción más tecnológica, la lectura que yo estoy haciendo ahora vía iPad “El poder de la intención” de Wayne W. Dyer. Una obra interesante compartida conmigo vía blog.

PD: “La cultura es un saber del que no tiene uno que acordarse. fluye espontáneamente”. Diógenes Laercio

La dedicatoria de Pigmalión

Pigmalión creó su estatuta y se enamoró de ella. Tantas horas, suspiros, retoques…Tantas veces pasó sus manos por ella que cuando la vio como se la imaginó, como plasmación de la belleza, supo que era el amor.

Sintió lo que era estar enamorado y descubrió que nunca podría deshacerse de ella porque había descubierto el arte, la armonía, su perfección. Durmió abrazado a ella, le habló, la besó, la convirtió en algo real que respodía a todas sus preguntas. Descubrió la locura del artista, explotó su ego en mil pedazos porque pensó haber descubierto la cima pero apagó su arte, ya que sabía que nada de lo que hiciera entonces podría igualar la belleza de su amada obra.

Su única salida era darle vida, una vida real;  movimiento, palabras, una voz propia que reafirmase su natural belleza. Por ello invocó a Afrodita rogándole que le diera esa ansiada vida que reafirmaría su obra maestra, su creación más elevada. Ante tanto desgarro en sus palabras, viendo tanto sufrimiento en sus ojos, Afrodita accedió a sus peticiones y su estatua cobró vida y el se casó con ella y no supo hacer nada más en su duradera vida que admirarla, plasmarla en más lienzos, hacer más esculturas que para nada igualaban la belleza de aquel ser ahora con vida. Pero el tiempo pasaba y la vida junto al tiempo son una mezcla corrosiva y la inicial belleza fue gestando una nueva y madura definición de hermosura.

Con el tiempo ella murió y no lo hizo como piedra esculpida sino como carne y así desapareció dejándole solo con sus recuerdos. Con miles de obras incompletas por no igualar a la genuina y con la duda de no haber dejado tan bella muestra del arte en su figura de piedra para que el mundo la cuidase y admirase eternamente. Pasando los años, rozando sus últimos días encontró la respuesta a sus dudas, era mejor así, disfrutó egoistamente de ella. La moldeó para él, cada detalle de su rostro, de su cuerpo era suyo se lo había dado él. Esa bella figura había sido la exteriorización de su alma, de su forma de dar color a lo bello, de su elección ante lo que consideraba perfecto. Era tan suya que prefería que formase parte sólo de sus recuerdos que de la devoción y los deseos de muchos. Por eso respiró tranquilo y la recordó siempre sonriendo.

Hoy rescato estas letras de una libreta que traje de Valencia y que escribí hace ya unos cuantos años. Un relato con dedicatoria especial porque, pese al tiempo que ha pasado, la destinataria sigue teniendo un sitio preferente en mi vida. Por contagiar la fuerza para no quedarse mirando como pasan los días, por su alegría y sus locuras, por cientos de recuerdos desde la niñez…estas palabras son para mi amiga con mayúsculas EVA.

PD: “Cuando decimos que todo pasado fue mejor condenamos al porvenir sin conocerlo”. Harvey Mackay