Sonrisas color turquesa

Hola a todos! El post de hoy cambia un poco de registro para compartir con vosotros una escapada a uno de esos lugares que transmiten calma, belleza y mucha energía positiva. Hace un par de meses estuve en el Caribe, en la República Dominicana, un país con rincones preciosos como los que quería compartir con vosotr@s en esta entrada; isla Saona y el pueblo de Manojuan. Tuve la suerte de descubrirlos un poco alejada de la versión más turística que suele acompañar a este destino y de verdad os lo recomiendo por la belleza de las playas, los fondos marinos, lo llamativo de los manglares y la calidez de la gente de esta zona, que sin tener casi nada te transmite un sentido de la vida agradecido y completo. Os dejo algunos de mis momentos. Un abrazo enorme

Isla Saona, la llegada en una pequeña lancha a esta orilla es espectacular. Arena blanca, palmeras y un color turquesa de película.

Kilómetros de playa en los que perderse, tranquilidad y naturaleza por todos sus rincones.

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Disfrutar de lo natural no tiene precio, así que lo suyo es apostar por un coco recién cogido y que, machete en mano, te lo abran a pie de playa

Construcciones de madera pero contadas, hamacas para disfrutar del momento con cada uno de sus segundos….

Y llegamos a Manojuan, un pueblo de gente humilde en el que nada más dar los primeros pasos por sus calles de tierra te sorprende y te enseña a valorar el poder de las actitudes frente al de las cosas. Visitar su escuela y compartir un ratito con aquellos niños fue todo un regalo. Gracias!!!

Normas a seguir en la escuela. Imágenes de algunas de las casas del pueblo de Manojuan.

PD: “La riqueza superflua sólo puede comprar cosas superfluas.” H. D. Thoreau

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